Byung-Chul Han, filósofo: "Solo con la condición de estar siempre abierto al dolor, podrás estar abierto a la felicidad"Byung-Chul Han, filósofo: "El silencio contemplativo permite producir nuevas formas de pensar"

Byung-Chul Han, uno de los filósofos contemporáneos más influyentes, lanza una advertencia sobre la sociedad actual: “Creemos que la sociedad en la que vivimos hoy es más libre que nunca... sin embargo, al mismo tiempo, sentimos difusamente que, en realidad, no somos libres, sino que, más bien, nos arrastramos de una adicción a otra, de una dependencia a otra”. Su reflexión apunta directamente al impacto del neoliberalismo y la digitalización en la vida cotidiana.

El pensador surcoreano, nacido en Seúl en 1959 y residente en Alemania desde hace años, se ha consolidado como una referencia del pensamiento crítico actual. Su obra analiza fenómenos como la autoexplotación, el consumo o la pérdida de vínculos sociales, temas que atraviesan sus ensayos más conocidos como La sociedad del cansancio, Psicopolítica o Infocracia. El propio autor define la función del filósofo como una tarea incómoda pero necesaria y que sus textos buscan “agitar” a la sociedad, despertar conciencias y cuestionar aquello que se da por hecho.

Durante su discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025 en Oviedo, Han profundizó en esa idea de libertad aparente. Según expone, el sistema actual no se basa ya en la imposición externa, sino en una forma de control más sutil y eficaz.

La ilusión de libertad

El filósofo sostiene que la sociedad contemporánea ha sustituido la disciplina por el rendimiento. En sus palabras, “la ilimitada libertad individual que nos propone el neoliberalismo no es más que una ilusión”. Esa percepción de autonomía, lejos de liberar, termina generando nuevas formas de presión.

Han describe un modelo en el que el individuo se exige a sí mismo de manera constante. “Uno se imagina que es libre, pero, en realidad, lo que hace es explotarse a sí mismo voluntariamente y con entusiasmo, hasta colapsar”, explica en su discurso en el Premio Princesa de Asturias. Ese agotamiento, añade, se traduce en fenómenos como el burnout.

Para ilustrarlo, recurre a una metáfora contundente: “Somos como aquel esclavo que le arrebata el látigo a su amo y se azota a sí mismo, creyendo que así se libera”. Con esta imagen, el autor pone de manifiesto la paradoja de una sociedad que se percibe libre mientras reproduce dinámicas de autoexigencia extrema.

El papel de la tecnología

Otro de los ejes de su análisis es la influencia de la tecnología y, en particular, de los teléfonos móviles y las redes sociales. Han advierte de que el problema no reside en la herramienta en sí, sino en el uso que se hace de ella. “No es que el smartphone sea nuestro producto, sino que nosotros somos productos suyos”, afirma. Según su planteamiento, los dispositivos digitales han invertido la relación con el usuario, que pasa de ser sujeto a convertirse en objeto dentro de un sistema de consumo de datos.

El filósofo también señala que las redes sociales, lejos de fortalecer los vínculos, tienden a debilitarlos. “No nos socializan, sino que nos aíslan, nos vuelven agresivos y nos roban la empatía”, advierte.

Una sociedad sin vínculos

La crítica de Byung-Chul Han se extiende al deterioro del tejido social. El pensador alerta de una pérdida progresiva de valores como el respeto, la confianza o la responsabilidad, elementos que considera fundamentales para el funcionamiento de la democracia.

En su intervención, recuerda que “no hay lazo social más fuerte que el respeto” y advierte de que, sin esas bases, las instituciones corren el riesgo de vaciarse de contenido. La política, señala, puede degenerar en una simple lucha por el poder si desaparecen esos principios. Además, apunta a las consecuencias del modelo económico actual, que ha ampliado la brecha social y ha generado inseguridad incluso en la clase media. Ese clima, según explica, favorece el auge de discursos populistas y autoritarios.