Una empresa de EEUU quiere acelerar la electrificación del transporte pesado sin retirar los camiones que ya circulan por las carreteras. La propuesta de Revoy consiste en incorporar un módulo desmontable que aporta hasta 322 km de asistencia eléctrica y promete reducir las emisiones hasta un 85%. El dispositivo permite mantener el motor diésel y su mecánica, pero modifica sustancialmente la forma en la que el vehículo obtiene la energía necesaria para desplazarse.
La solución, desarrollada por esta compañía fundada en California en 2020, se instala entre la cabeza tractora y el semirremolque. Su arquitectura integra una batería de gran capacidad, un motor eléctrico y los sistemas electrónicos encargados de coordinar la entrega de potencia. De este modo, un camión diésel convencional pasa a funcionar temporalmente como un vehículo híbrido, sin requerir una transformación permanente de su mecánica.
El propulsor eléctrico interviene especialmente durante las aceleraciones, las pendientes o aquellas situaciones en las que el vehículo necesita realizar un esfuerzo adicional. Al compartir la carga con el motor de combustión, disminuyen el consumo de combustible, el desgaste de los componentes y las emisiones contaminantes. Además, la frenada regenerativa recupera parte de la energía cinética que habitualmente se disiparía en forma de calor.
Un módulo eléctrico intercambiable
La batería puede almacenar la electricidad obtenida durante las deceleraciones, aunque este proceso no basta para completar su recarga. Por ello, Revoy plantea desplegar centros de intercambio en los que los transportistas puedan desacoplar una unidad agotada y sustituirla por otra cargada. Este planteamiento busca evitar las largas paradas que podrían comprometer los horarios y la rentabilidad de las rutas logísticas.
El módulo, siendo exhibido (Revoy)
La autonomía de apoyo eléctrico alcanza aproximadamente 322 km, una cifra orientada principalmente a los trayectos regionales de mercancías. El sistema pretende cubrir una parte relevante del recorrido utilizando electricidad, mientras conserva el motor diésel para garantizar la continuidad operativa. Sin embargo, su implantación a gran escala dependerá de una infraestructura capaz de recargar, almacenar, revisar y distribuir baterías de grandes dimensiones.
La principal ventaja para las empresas de transporte reside en que no tienen que comprar inmediatamente una flota completamente nueva. Los camiones pesados pueden permanecer operativos durante más de una década y su sustitución exige inversiones elevadas, especialmente difíciles de asumir para pequeños y medianos operadores. Prolongar la vida útil de los vehículos existentes también reduce la necesidad de fabricar nuevas unidades y consumir más materias primas.
Solo hace falta acoplar la cabeza tractora para que el sistema eléctrico se integre con el diésel (Revoy)
El proyecto ya recibió autorización de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras de EEUU para circular por vías públicas. Posteriormente, Revoy puso en marcha un programa piloto con la empresa logística Ryder y prevé iniciar operaciones comerciales en una ruta de unos 322 km próxima a Portland, Oregón. Las pruebas deberán demostrar si este módulo eléctrico ofrece una alternativa viable para reducir hasta un 85% las emisiones sin alterar el ritmo habitual del transporte pesado.