Un conjunto de huellas fósiles halladas junto al lago Turkana, en Kenia, está obligando a revisar algunas ideas sobre el tamaño corporal y el comportamiento de nuestros parientes evolutivos. El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, analiza rastros atribuidos a Paranthropus boisei, una especie que habitó África oriental durante el Pleistoceno temprano. Las pisadas quedaron impresas sobre un antiguo terreno húmedo hace aproximadamente 1,43 millones de años y conservan una escena excepcional de aquel paisaje.
El yacimiento, denominado GaJi10, fue localizado inicialmente en 1978 por un equipo dirigido por la geóloga Kay Behrensmeyer, del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian. Mientras varios investigadores excavaban una zanja para estudiar las capas geológicas, apareció una profunda marca redondeada que resultó ser la pisada de un hipopótamo. Al retirar cuidadosamente el sedimento, los científicos descubrieron también dos huellas de homínidos, aunque la verdadera magnitud del enclave tardaría décadas en conocerse.
Tras proteger el terreno con arena, los especialistas regresaron en 2016 y 2023 para ampliar la excavación. Finalmente documentaron 21 huellas pertenecientes a ocho individuos, además de rastros dejados por hipopótamos, antílopes y otros animales. “Lo especial de las huellas desde el punto de vista científico es que conservan un instante en el tiempo”, explicó Behrensmeyer. Según la investigadora, estas evidencias permiten acercarse al pasado de una manera más directa que un hueso aislado, una mandíbula o cualquier otro fragmento anatómico.
Un tamaño inesperado
El análisis de la forma de las pisadas y de la manera de caminar llevó al equipo a atribuirlas a Paranthropus boisei, un homínido robusto conocido por sus grandes dientes y su potente aparato masticador. Sin embargo, las dimensiones de los rastros no encajan con la imagen tradicional de una especie considerablemente menor que Homo erectus. “El tamaño de las huellas indica cuerpos similares a los humanos, de hasta 1,8 m de altura y alrededor de 75 kg”, señaló Kevin Hatala, investigador de la Universidad de Chatham y del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva.
Uno de los científicos señala una de las huellas de homínido ocultas entre las pisadas de hipopótamos (Smithsonian/Kay Behrensmeyer)
El hallazgo indica que Paranthropus boisei y Homo erectus pudieron alcanzar tamaños corporales semejantes mientras compartían el mismo entorno. En 2024, parte del mismo equipo ya había descrito otra superficie de huellas, ligeramente más antigua, donde aparecían rastros de ambas especies. “No podemos decir cómo interactuaban los dos homínidos en las llanuras de barro, pero sabemos que ambos estaban aquí en este momento”, afirmó Behrensmeyer. Esa convivencia prolongada añade nuevas preguntas sobre la competencia por los recursos y el uso del territorio.
Ocho machos caminando juntos
La distribución de las pisadas aporta otra pista difícil de obtener mediante fósiles óseos: los ocho individuos avanzaron aparentemente como un grupo y la mayoría eran machos adultos. “El hecho de que ocho individuos de P. boisei, en su mayoría machos adultos, viajaran juntos, sin hembras ni crías, apunta a una estructura social compleja en esta especie”, explicó Neil Roach, investigador de la Universidad de Harvard. El especialista plantea que pudieron vivir en comunidades amplias donde los machos competían por las parejas, pero se toleraban por seguridad.
La pisada, que se creyó de Homo erectus, pertenece a un homínido que se pensaba mucho más pequeño (Smithsonian/Kay Behrensmeyer)
La costa oriental del lago Turkana conserva cientos de huellas depositadas durante más de 100.000 años, lo que convierte a esta región de Kenia en un archivo privilegiado de la evolución humana. “El descubrimiento de estas huellas fósiles refuerza la importancia mundial de la región para comprender cómo vivían nuestros antiguos parientes hace 1,4 millones de años”, destacó Purity Kiura, investigadora de los Museos Nacionales de Kenia. El equipo continuará estudiando la geología del yacimiento para comprender por qué tantos homínidos frecuentaron aquellas orillas y cómo quedaron preservados sus pasos.