Un pequeño molusco de aspecto aparentemente inofensivo se ha convertido en una seria amenaza para los arrozales de EEUU y muchos otros lugares del mundo. Entre ellos, España. El caracol manzana (Pomacea canaliculata) se multiplica con rapidez en los campos inundados de Louisiana y Texas, donde obliga a los agricultores a asumir más costes y pone bajo presión un mercado del arroz valorado entre 6.000 y 7.000 millones de euros anuales.

La expansión del caracol manzana resulta especialmente problemática por su capacidad para alimentarse de las plantas jóvenes de arroz. Según los datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) y del LSU AgCenter, el molusco prolifera en los terrenos inundados y obliga a modificar determinadas prácticas agrícolas. Su presencia termina traduciéndose en más trabajo, mayores costes y dificultades para mantener la productividad de las explotaciones.

El impacto adquiere una dimensión todavía mayor por el peso económico del arroz estadounidense. Alrededor del 45% de la cosecha de EEUU se destina a la exportación, mientras Louisiana y Texas figuran entre los territorios especialmente ligados a este cultivo. La invasión de Pomacea canaliculata introduce así un nuevo factor de riesgo en unas explotaciones donde el control de la plaga resulta complejo y puede requerir intervenciones constantes.

Un caracol difícil de controlar

Una de las grandes dificultades está precisamente en combatir al caracol manzana una vez que ha conseguido establecer poblaciones numerosas. Los agricultores recurren a labores adicionales, métodos manuales, redes y trampas para retirar ejemplares y reducir sus efectos. Además, las opciones químicas pueden resultar limitadas en determinados sistemas productivos, por lo que el manejo de esta especie invasora exige combinar diferentes estrategias y asumir un incremento de los costes operativos.

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Las autoridades estadounidenses también recomiendan adaptar la forma de cultivar el arroz. Entre las medidas planteadas figura la siembra en seco antes de inundar los campos, con el objetivo de conseguir plantas más desarrolladas y resistentes cuando aparezcan los caracoles. El seguimiento de las poblaciones y la detección temprana son igualmente importantes porque, una vez consolidada una especie invasora, eliminarla completamente puede convertirse en una tarea prácticamente imposible.

El entomólogo del LSU AgCenter Blake Wilson advirtió sobre las dificultades de este escenario: "No creo que exista una solución rápida que elimine el problema. Es casi imposible erradicar una especie invasora una vez que se ha establecido en la región". Por este motivo, las actuaciones se orientan especialmente hacia el control y la reducción de daños, más que hacia la desaparición total del organismo.

España ya conoce sus efectos

La amenaza resulta especialmente relevante para Europa porque Pomacea canaliculata ya tiene presencia en el continente. España conoce de primera mano el problema: el caracol manzana fue localizado por primera vez en 2009 en el Ebro, en Tarragona, y desde entonces su presencia se ha relacionado con graves daños en los arrozales. Su capacidad para consumir plantas jóvenes convierte los campos inundados en un entorno especialmente favorable para que el impacto sobre el cultivo se multiplique.

El carrao (Aramus guarauna) es uno de los controladores naturales de esta especie de caracol (Wikimedia Commons/David Roach/CC BY-SA 3.0)

El caso estadounidense muestra hasta dónde puede llegar el problema cuando una población invasora consigue expandirse en regiones agrícolas de gran importancia. Los inviernos más templados y los episodios de lluvias intensas pueden favorecer su reproducción y dispersión, según las autoridades citadas en la información de referencia. Tanto en EEUU como en España, donde ya está presente, el desafío pasa por vigilar su avance, adaptar las técnicas de cultivo y contener una especie capaz de alterar significativamente la producción de arroz.