La próxima generación de ordenadores cuánticos obliga a buscar el frío más extremo imaginable. En este sentido, IBM ha conseguido que su nuevo sistema criogénico instalado en Yorktown Heights, Nueva York, funcione a apenas 15 milikelvin, una temperatura extraordinariamente próxima al cero absoluto. El avance forma parte del proyecto de la compañía estadounidense para construir un ordenador cuántico tolerante a fallos, aunque el récord experimental absoluto continúa correspondiendo a los 38 picokelvin alcanzados en 2018 por el equipo QUANTUS en Bremen, Alemania.

La comparación permite hacerse una idea de las condiciones que existen dentro de este gigantesco “frigorífico” cuántico. El cero absoluto se sitúa en 0 kelvin, equivalente a -273,15 °C, un límite físico en el que la energía asociada al movimiento de los átomos alcanza su valor mínimo. Los laboratorios que trabajan con materia ultrafría se encuentran, por tanto, entre los lugares artificiales con temperaturas más bajas conocidas, muy por debajo de las que aparecen de manera habitual en nuestro planeta.

El objetivo de IBM, sin embargo, no consiste simplemente en conseguir una cifra llamativa. Alcanzar temperaturas extremadamente bajas resulta esencial para preservar los delicados estados cuánticos utilizados por estos ordenadores. Cuanta menos energía térmica existe alrededor de los componentes, menor es también el “ruido” capaz de perturbarlos y provocar errores durante los cálculos. Esa estabilidad será especialmente importante cuando las futuras máquinas integren un número mucho mayor de componentes cuánticos.

Un frigorífico para la computación cuántica

Los primeros dos módulos criogénicos del sistema ya han sido ensamblados y conectados. Según la información difundida por la compañía, el equipo descendió primero hasta los 4 kelvin, aproximadamente la temperatura asociada al helio líquido, en menos de cinco días. Después continuó enfriándose hasta alcanzar la región de los milikelvin. Su diseño modular permitirá ampliar la instalación para alojar más chips cuánticos conforme aumente la capacidad de procesamiento de las futuras máquinas.

Jay Gambetta, director de IBM Research y miembro de IBM, destacó la importancia de este paso para el desarrollo de sistemas capaces de corregir sus propios errores. “Llevar los ordenadores cuánticos tolerantes a fallos a las industrias depende de varios avances fundamentales”, afirmó. “La conexión y el funcionamiento satisfactorios de estos módulos criogénicos suponen un salto adelante en esa dirección y acelerarán nuestros progresos junto con la innovación continua en hardware, software y algoritmos cuánticos”.

La compañía pretende que esta infraestructura contribuya a alcanzar uno de sus principales objetivos tecnológicos: disponer de un ordenador cuántico tolerante a fallos en 2029. A medida que estas máquinas aumentan de tamaño, también crece la probabilidad de que aparezcan errores, de ahí que controlar el entorno térmico sea decisivo. El sistema de Nueva York todavía está varios millones de veces por encima de los 38 picokelvin logrados por QUANTUS, pero sus 15 milikelvin son suficientemente bajos para operar el hardware cuántico que IBM quiere llevar a una escala mucho mayor.