China ha presentado un nuevo sistema de interfaz cerebro-ordenador basado en resonancia magnética que, según sus desarrolladores, reúne por primera vez en una misma plataforma la adquisición de señales neuronales, su decodificación, la modulación cerebral y la evaluación posterior de los efectos. Bautizado como uMR Shenguan, el desarrollo ha sido impulsado conjuntamente por Shanghai United Imaging Healthcare y la Universidad de Tianjin, que aspiran a trasladar este tipo de tecnología desde los laboratorios hasta aplicaciones médicas y de investigación.

La principal diferencia frente a otros sistemas está en la arquitectura del dispositivo. En lugar de limitarse a conectar un escáner de resonancia magnética con una interfaz cerebro-ordenador independiente, uMR Shenguan establece un circuito cerrado: registra lo que ocurre en el cerebro, interpreta la actividad, permite intervenir sobre determinadas funciones y, después, analiza cómo ha respondido el tejido cerebral. De este modo, la resonancia magnética deja de actuar únicamente como una herramienta de diagnóstico por imagen.

Los responsables del proyecto aseguran que la plataforma puede captar actividad neuronal con una resolución temporal de milisegundos y, simultáneamente, estudiar estructuras cerebrales con una precisión espacial inferior al milímetro. La combinación pretende resolver uno de los grandes desafíos de las interfaces cerebro-ordenador: conocer con rapidez cuándo aparece una señal y determinar con exactitud en qué zona del cerebro se está produciendo.

Un circuito cerrado para observar e intervenir

El sistema incorpora además herramientas compatibles con los campos magnéticos para reducir las interferencias que pueden surgir entre los dispositivos de una interfaz cerebro-ordenador y los equipos de resonancia. También está diseñado para compensar alteraciones complejas del campo magnético que pueden degradar la calidad de las imágenes cuando existen componentes implantados. La resonancia se convierte así en el centro encargado de observar, guiar y comprobar las diferentes etapas del proceso.

Ming Dong, director del Laboratorio Haihe de Interacción Cerebro-Ordenador e Integración Hombre-Máquina, explicó que: "La solución permite la coordinación sincronizada de la observación y la intervención en la investigación cerebral, haciendo avanzar las interfaces cerebro-ordenador desde 'decodificar señales' hacia 'comprender el cerebro', al tiempo que abre una nueva vía tecnológica para la investigación de la ciencia cerebral". La plataforma combina resonancia magnética de alta resolución espaciotemporal, adaptación de hardware, herramientas específicas para interfaces neuronales y métodos de neuromodulación guiados mediante imagen.

El salto hacia las aplicaciones clínicas

Ese planteamiento permite que los investigadores puedan observar la actividad cerebral, realizar una intervención dirigida y medir posteriormente sus consecuencias sin abandonar el mismo entorno técnico. Según los responsables del desarrollo, los avances en resonancia magnética de campo ultraalto, secuencias rápidas de imagen, procesamiento de señales en tiempo real y sistemas de decodificación apoyados por inteligencia artificial están acelerando la integración entre las técnicas de imagen y las interfaces cerebro-ordenador.

Hacen un experimento con cerebros humanos y descubren que 'leer la mente' es perfectamente posibleR. BadilloEl experimento se llevó a cabo con 24 pacientes aquejados de epilepsia. El algoritmo fue capaz de averiguar con total precisión qué recuerdo habían evocado en cada caso

La presentación de uMR Shenguan coincide con una etapa en la que China espera una expansión de las tecnologías de interfaz cerebro-ordenador durante 2026. Sus posibles aplicaciones médicas abarcan áreas como rehabilitación motora, cuidados neurológicos críticos, psiquiatría, oftalmología y audiología, mientras que sus desarrolladores también contemplan futuras extensiones hacia educación, deporte, videojuegos, mejora del sueño y seguridad industrial. El objetivo técnico es que estas plataformas no se limiten a interpretar señales neuronales, sino que permitan estudiar de forma controlada cómo cambia el cerebro después de una intervención.