Dormir bien hoy no garantiza que el descanso mantenga la misma calidad dentro de varias décadas. Sebastián La Rosa, experto en longevidad, recuerda que el sueño también cambia a medida que envejecemos y que conviene trabajarlo igual que hacemos con otros aspectos de la salud física.
El especialista establece una comparación directa con dos capacidades que se deterioran progresivamente con los años. “De la misma manera que entrenar y ganar masa muscular es importante porque vas a ir perdiendo masa muscular a lo largo del tiempo que envejeces, lo mismo sucede con capacidad aeróbica y lo mismo sucede también con calidad de sueño”, explica.
La Rosa sostiene que durante la edad adulta se produce un deterioro gradual del descanso. Según las cifras que expone, por cada década el tiempo total de sueño disminuye alrededor de diez minutos y su eficiencia cae aproximadamente un 2%. Además, con los años puede aumentar el tiempo necesario para conciliar el sueño y los despertares durante la noche.
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Por eso, considera un error esperar hasta empezar a dormir mal para prestar atención al descanso. “Aunque hoy duermas espectacular, igual tiene sentido ocuparte de tu sueño”, señala. Su planteamiento consiste en cuidar desde edades tempranas aquellos hábitos que favorecen un descanso suficiente y reparador.
La calidad del sueño también tiene relación con la energía, la recuperación y el bienestar cotidiano. Estrés, horarios irregulares o determinados hábitos nocturnos pueden complicar el descanso, por lo que el especialista propone considerarlo un aspecto de la salud que debe trabajarse de manera constante.
Para La Rosa, mejorar el sueño ahora permite construir una especie de reserva de cara al envejecimiento. Igual que conservar músculo o capacidad cardiovascular requiere atención durante años, mantener buenos hábitos de descanso puede ayudar a afrontar mejor los cambios que llegan progresivamente con la edad.