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La Fuerza Aérea de EEUU (USAF) necesita más cazas de combate y la solución más sencilla para conseguirlos puede estar delante de sus narices: concretamente, en sus bombarderos. El servicio estudia darles la capacidad de derribar otros aviones en combates aire-aire, según un informe sobre su futura flota de cazas que entregó al Congreso el 16 de octubre y que ha obtenido Aviation Week.

"La USAF también está evaluando desarrollar capacidades aire-aire en los bombarderos", dice el informe, que cita esta opción junto a otras dos: un nuevo caza para engordar la flota —probablemente una versión mejorada del F-16— y depender más de los drones de combate que volarán junto a los aviones tripulados. El texto no explica qué bombarderos estudia ni en qué punto está esa evaluación, pero los analistas del medio especializado The War Zone creen que el B-21 Raider, el nuevo bombardero invisible de Northrop Grumman, es especialmente adecuado para ese papel.

La Fuerza Aérea calcula que necesitará 1.509 cazas asignados a unidades de combate en 2035, frente a los 1.369 que se fijaba como objetivo para 2030 en el informe del año pasado, según explicó el teniente general David Tabor, responsable de planes y programas. Además, su flota está envejeciendo a marchas forzadas. Los cazas tienen de media más de 31 años y solo el 53,9 % está disponible para volar, frente al 70 % que exige el estándar.

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Por qué un bombardero

La idea de usar bombarderos para el combate aéreo ya empezó a flotar en 2024, cuando un periodista preguntó al entonces jefe de Estado Mayor, el general David Allvin, si el B-21 podría ganar protagonismo mientras se revisaba el programa del futuro caza de sexta generación. El general respondió: "No lo hemos descartado". Cinco años antes, el entonces general de división Scott Pleus ya había hablado de "un B-21 que también tenga capacidades aire-aire".

The War Zone lleva años explicando por qué el Raider encaja tan bien en ese papel. Según sus analistas, sus características de serie lo hacen especialmente adecuado para el combate aéreo: es grande, tiene un alcance enorme, vuela muy alto, es difícil de detectar por radar en un amplio rango de frecuencias y lleva sensores avanzados. La idea no es que se enzarce en un duelo con otro caza, sino que dispare desde la retaguardia.

Para eso harían falta misiles de muy largo alcance, que ya existen o están en camino. La Armada ha desplegado el AIM-174B y prueba el AIM-424 Malice, y en junio la Fuerza Aérea pidió un misil aire-aire capaz de alcanzar al menos 1.000 millas náuticas (1.852 kilómetros). La bodega de un bombardero podría llevar más misiles, y más grandes, que un caza.

El B-21 también podría hacer de centro de mando para drones de combate, conocidos como CCA (siglas en inglés de aviones de combate colaborativos). Esos drones se adelantarían, buscarían los objetivos y le pasarían los datos. Este mes, un piloto de F-22 ya dirigió en pleno vuelo a uno de ellos, el YFQ-44A Fury. Y la agencia de investigación militar DARPA desarrolla LongShot, un dron que se lanza desde otro avión —también desde un bombardero— para disparar misiles aire-aire, aunque su primera campaña de vuelos, desde un F-15, no llegará como pronto hasta finales de 2026.

Un plan lleno de incógnitas

Sin embargo, por ahora todo esto son hipótesis sin confirmación oficial. Ni el informe ni la Fuerza Aérea han detallado cómo armarían a sus bombarderos, y el B-21 sigue en pruebas: de momento, dos ejemplares participan en los ensayos de vuelo desde la base de Edwards, en California. Y en Novaceno ya contamos las dudas sobre si el nuevo bombardero está preparado para la guerra moderna.

Además, hay un problema de dinero. La Fuerza Aérea quiere al menos 100 Raiders —el Mando Estratégico considera necesarios 145— y los primeros llegarán a la base de Ellsworth en 2027, según Air & Space Forces Magazine. Esos fondos compiten con los del F-47, el futuro caza de sexta generación, y con los al menos 500 drones CCA que la Fuerza Aérea quiere tener en 2032, como el Fury de Anduril.

Algunos expertos creen además que el bombardero no puede trabajar solo. Bryan Clark, director del centro de conceptos de defensa del Hudson Institute, ya advertía en 2023, mucho antes de este informe, que "el B-21 necesitará un equipo capaz a su alrededor".

Detrás de todo está China, que fabrica cazas como el J-20 a un ritmo que preocupa en Washington. Para contrarrestar esa ventaja numérica, dice el informe, EEUU necesita una fuerza mixta de aviones tripulados y no tripulados. Tabor reconoce que la cifra de cazas cambiará con el tiempo: "Las capacidades que añadamos a las plataformas cambiarán el número y, sobre todo, la tecnología cambiará el número".