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El entrenamiento de fuerza y el consumo de bebidas estimulantes forman parte de la rutina de muchas personas. Sin embargo, algunos gestos que se repiten casi sin pensar merecen atención, especialmente cuando se busca rendir al máximo. El neurólogo Baibing Chen ha contado qué costumbres cambió después de atender a pacientes con problemas que le hicieron revisar sus propios hábitos.
Uno de esos cambios llegó al gimnasio. «Estas son algunas cosas que dejé de hacer después de convertirme en neurólogo. Ya no aguanto la respiración cuando levanto mucho peso. Antes hacía eso todo el tiempo, sobre cuando hacía mi máximo en una repetición», explica. Lo que observó en otros deportistas terminó por convencerlo: «Pero después de ver a otras personas, jóvenes y mayores, que hacían eso y terminaban desmayándose y lastimándose en el gimnasio, y también he visto a otras personas que han tenido derrames cerebrales por eso, dejé de hacerlo».
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Contener el aire durante un esfuerzo intenso puede modificar la presión arterial. La Asociación Americana del Corazón advierte de que aguantar la respiración al hacer ejercicio puede elevarla. Chen describe así lo que puede ocurrir: «Esto pasa porque cuando aguantas la respiración y haces mucha fuerza, tu presión arterial puede subir muy rápido. Y eso puede cambiar temporalmente la cantidad de sangre que llega a tu cerebro, lo que es una de las razones por las que la gente puede sentirse muy mareada y desmayarse».
El neurólogo también menciona situaciones más graves que ha encontrado en su práctica clínica: «Y en algunas personas he visto picos enormes de presión arterial que potencialmente pueden contribuir a que se reviente un vaso sanguíneo y cause una hemorragia cerebral». Se refiere a casos concretos, no a una consecuencia inevitable de levantar peso. De hecho, los expertos reconocen los beneficios del entrenamiento de fuerza para la salud cardiovascular cuando se realiza de forma adecuada.
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Fuera del gimnasio, Chen también cambió su consumo de estimulantes: «Dejé de tomar bebidas energéticas y de tomar tres o cuatro tazas de café al día». No fue una complicación propia lo que motivó la decisión: «No me pasó nada pero he visto que el exceso de cafeína y estimulantes lepuede hacer a lagente». Entre los síntomas que menciona están las señales que pueden normalizarse al consumir estas bebidas: «Muchas personas podían tener palpitaciones, ansiedad y temblores, que yo simplemente ignoraba».
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En los casos extremos, añade Chen, «eso puede hacer que tu presión arterial se dispare a niveles extremadamente altos y lleve a ritmos cardíacos anormales o incluso a problemas neurológicos». La cantidad de cafeína importa, pero también la sensibilidad individual. La FDA sitúa en 400 miligramos diarios una cantidad que no suele asociarse con efectos negativos para la mayoría de los adultos, aunque la tolerancia varía según la salud, la medicación y otros factores. Contar tazas no basta para conocer la dosis, porque su contenido depende del tamaño y de la preparación.