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Las cartas de Vicente Aleixandre a Gregorio Prieto conservan conversaciones sobre el amor, la amistad y las dificultades para expresar lo que uno siente. El poeta sevillano, miembro de la generación del 27 y premio Nobel de Literatura en 1977, mantuvo durante décadas el contacto con el pintor. Entre noticias sobre sus libros y confidencias personales, encontró en aquella correspondencia un espacio para escribir con una franqueza que no siempre podía trasladar a la vida pública.

Una parte de ese intercambio se publicó en Visitar todos los cielos. Cartas a Gregorio Prieto (1924-1981), editado por la Fundación Banco Santander y presentado en 2020. El periodista Víctor Fernández seleccionó las misivas y preparó la introducción a partir de los documentos conservados en el archivo del artista. El volumen reúne 62 cartas fechadas y otras doce sin fecha, escritas a lo largo de una relación que se prolongó casi seis décadas.

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En octubre de 1929, mucho antes de recibir el Nobel, Aleixandre respondió a su amigo sobre el coste de ocultarse ante los demás: "Tienes razón: ahogar sentimientos, impulsos, modos de ver; hablar a veces bajo un antifaz es doloroso e inocuo, es antihumano". La carta continuaba con una crítica a las convenciones de su tiempo: "La sociedad burguesa es cruel en su incomprensión y cuando hay que vivir en ella nunca se vive una vida de verdad, siempre hay que vivir de mentira en muchas cosas".

La intimidad que quedó en las cartas

Aquel malestar llegaba hasta la forma de relacionarse y de mostrarse fuera de casa. Aleixandre se describía "amputado en cierto modo, constreñido a una vida íntima, en la soledad alta de uno mismo, que sea la verdadera libertad, la expresión total y exacta de uno". El refugio privado permitía conservar lo que no encontraba sitio entre las exigencias sociales. Pero estar a salvo de las miradas ajenas tampoco borraba la necesidad de compañía ni el deseo de hablar abiertamente.

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El final del pasaje dejaba esa soledad lejos de cualquier imagen apacible: "Se encierra uno en la soledad y dolorosamente se confiesa solo, con cuánta amargura, disonando a veces en el concierto de las voces medias". Estas palabras convivían en el epistolario con el entusiasmo por la belleza, las lecturas y los proyectos literarios. Las cartas permiten seguir también el nacimiento de algunos poemarios y encontrar referencias a otros integrantes de la generación del 27. Décadas después, la Academia Sueca reconocería una poesía que iluminaba la condición humana en el mundo y en la sociedad.

En 1981, Prieto propuso dedicar un libro a Aleixandre, que recibió favorablemente la idea, aunque el proyecto no llegó a realizarse. Las cartas permanecieron en el estudio del pintor y solo algunas se publicaron antes del volumen de la Fundación Banco Santander. Faltan las respuestas que Prieto envió al poeta, por lo que la conversación ha llegado incompleta. Aun así, sus páginas conservan tanto las noticias de una amistad prolongada como las palabras con las que Aleixandre podía dejar a un lado aquel antifaz.