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El suavizante suele acompañar al detergente en la rutina de la colada, especialmente cuando se busca que la ropa quede agradable al tacto y conserve un buen aroma. Sin embargo, algunas prendas salen de la lavadora y, después de secarse, mantienen un olor desagradable. Antes de repetir el lavado o añadir más producto, conviene atender a los residuos que quedan en los tejidos y al tiempo que pasan mojados.
El ingeniero químico Santiago Rodríguez, creador de Química en Pocas Palabras, aborda este problema en una de sus publicaciones: "Tu ropa no huele a humedad. Huele a bacterias". Su explicación se centra en los microorganismos capaces de producir sustancias malolientes a partir de la suciedad que permanece en las fibras. El perfume puede hacer menos perceptible ese olor durante un tiempo, pero no equivale a eliminar su origen.
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Rodríguez identifica un compuesto concreto: "Ese ‘olor a trapo húmedo’ tiene nombre y fórmula: ácido 4-metil-3-hexenoico (4M3H)". Lo relaciona con Moraxella osloensis, una bacteria cuya capacidad para generar este olor en la ropa se documentó en una investigación publicada en Applied and Environmental Microbiology. El trabajo también observó su resistencia al secado y vinculó la producción del mal olor con los restos presentes en tejidos usados. Eso no significa que esta bacteria explique todos los olores de la colada.
Las prendas en las que desaconseja el suavizante
El divulgador señala tres grupos especialmente relevantes en su recomendación: "Deja una película grasa sobre la fibra, y hay tres prendas donde juega en contra: toallas, ropa deportiva y microfibra". También rechaza aumentar la cantidad para intentar recuperar el aroma: "Más suavizante no tapa el olor: le da más comida". Su consejo plantea revisar el uso del producto en estos tejidos y consultar sus instrucciones de cuidado, en lugar de asumir que una dosis mayor mejora el resultado.
El secado es la otra parte de su explicación. Cuando el aire tiene mucha humedad, la ropa pierde agua con mayor dificultad y permanece mojada durante más tiempo. Rodríguez lo resume así: "Más horas mojada, más tiempo para que las bacterias coman". Aunque propone una comparación matemática entre distintos niveles de humedad, el tiempo real de secado también depende de la temperatura, la ventilación y el tejido; no puede calcularse únicamente con ese porcentaje.
Para las prendas que ya conservan olor, propone recurrir al percarbonato de sodio: "El olor no se tapa: se oxida". Su pauta consiste en un remojo de media hora en agua templada, alrededor de 40 °C, siempre que las indicaciones del producto y la etiqueta del tejido permitan ese tratamiento. Después insiste en sacar la ropa de la lavadora al terminar el programa. Así, el cuidado de la colada continúa también después del lavado, evitando que las prendas permanezcan húmedas dentro del tambor.