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Una tenia capaz de transformar la vida de una hormiga obrera hasta hacer que su supervivencia se acerque a la de una reina ha permitido descubrir hasta qué punto un parásito puede intervenir en el envejecimiento de su hospedador. Un estudio de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia (JGU), publicado en la revista BMC Genomics, ha analizado qué ocurre dentro de las hormigas Temnothorax nylanderi cuando son infectadas por la tenia Anomotaenia brevis. Los resultados muestran cambios profundos en su metabolismo, actividad y comportamiento social.

La diferencia resulta especialmente llamativa porque las obreras de esta especie suelen vivir apenas entre uno y dos años, mientras que las reinas pueden alcanzar los 20 años. Investigaciones anteriores sobre este sistema ya habían comprobado que las obreras infectadas presentan tasas de supervivencia próximas a las de las reinas. El nuevo trabajo intenta explicar qué mecanismos están detrás de esa longevidad extraordinaria y por qué, tras la infección, estas hormigas también reducen su actividad y dejan de comportarse como trabajadoras normales dentro de la colonia.

Para averiguarlo, el equipo dirigido por la profesora Susanne Foitzik estudió hormigas procedentes del bosque de Lenneberg, cerca de Maguncia. Los investigadores compararon tres grupos: reinas, obreras infectadas por la tenia y obreras sin infectar. Después diseccionaron el cerebro y el cuerpo graso, un tejido abdominal relacionado con el metabolismo y el sistema inmunitario, y utilizaron secuenciación de ARN para determinar qué genes estaban activos. También analizaron información genética y transcriptómica del propio parásito para comprobar cómo podía estar alterando a su hospedador.

Un metabolismo parecido al de una reina

La pista principal apareció en el cuerpo graso de las hormigas infectadas. Allí, la actividad genética se alejaba de la observada en las obreras sanas y adquiría parcialmente un perfil semejante al de una reina. Las modificaciones afectaban a genes relacionados con el metabolismo, el sistema inmunitario, la resistencia al estrés y los procesos de envejecimiento. Según Foitzik, los resultados indican que la infección no se limita a enfermar al animal, sino que modifica su fisiología de una manera dirigida, aprovechando programas biológicos que ya existen en la propia hormiga.

La tenia solo completa su desarrollo cuando alcanza a un pájaro carpintero

El cerebro mostraba una transformación diferente. Las obreras infectadas no adquirían allí un patrón especialmente parecido al de las reinas, sino que presentaban una reducción de la actividad de numerosos neuropéptidos y de sus receptores. Estas moléculas participan en la regulación del comportamiento, la alimentación y distintas respuestas sociales. Esa disminución de las señales podría ayudar a explicar por qué los ejemplares parasitados se vuelven menos activos. La primera autora del trabajo, Giulia Blasi, señala así que el efecto de la infección depende del tejido analizado.

Los científicos también comprobaron si Anomotaenia brevis engañaba directamente a las hormigas fabricando neuropéptidos similares a los de su hospedador, pero no encontraron pruebas que respaldasen esa posibilidad. Los péptidos producidos por la tenia no eran suficientemente parecidos. Los datos apuntan, en cambio, a una manipulación indirecta de las redes reguladoras de la propia hormiga. Para el parásito, prolongar la vida de una obrera y reducir su actividad podría ser ventajoso: las hormigas son huéspedes intermediarios y la tenia solo completa su desarrollo cuando alcanza a un pájaro carpintero, su huésped definitivo.