Foto: EC
Una tormenta solar registrada en noviembre de 2025 provocó alteraciones extraordinarias en la ionosfera sobre Norteamérica y dejó una huella inesperada en los sistemas de navegación por satélite. Un estudio dirigido por el físico espacial Endawoke Yizengaw, de The Aerospace Corporation, y publicado en Geophysical Research Letters ha reconstruido ahora aquel episodio y describe una perturbación cuya extensión no se había observado anteriormente a estas latitudes. Los investigadores combinaron datos procedentes de receptores GNSS, cámaras de auroras y otros instrumentos distribuidos por el continente para seguir la evolución del fenómeno.
El origen estuvo en varias grandes erupciones solares que enviaron material cargado hacia la Tierra y golpearon su magnetosfera. El espectáculo más visible fueron las auroras, que descendieron hacia latitudes poco habituales, pero la tormenta también modificó profundamente las condiciones de la atmósfera superior. El equipo detectó una enorme franja de elevada densidad de electrones que atravesaba la ionosfera de este a oeste. Justo en sus bordes aparecieron cambios bruscos en esa densidad, capaces de generar pequeñas irregularidades que terminaron afectando a las señales utilizadas para calcular una posición.
El problema se encuentra en el recorrido que realizan las ondas de radio antes de alcanzar un receptor terrestre. Las señales del GPS deben atravesar la ionosfera y, cuando esta región presenta grandes variaciones en su densidad electrónica, pueden sufrir distorsiones y fluctuaciones rápidas de intensidad. Este proceso recibe el nombre de centelleo de amplitud. El fenómeno es conocido cerca de los polos y del ecuador, pero las latitudes medias de EEUU suelen considerarse mucho más estables frente a este tipo de alteraciones asociadas al tiempo espacial.
Una alteración de costa a costa
La tormenta de noviembre rompió ese patrón. A medida que el óvalo auroral avanzó hacia el ecuador, las irregularidades normalmente ligadas a regiones más septentrionales comenzaron a extenderse por una superficie mucho mayor. Los científicos observaron centelleo intenso entre aproximadamente los 80 y 120 grados de longitud oeste, mientras otros registros mostraban que la franja de alta densidad electrónica alcanzaba prácticamente desde la costa occidental hasta la oriental de EEUU. Los investigadores señalan que este tipo de perturbación ya se había identificado anteriormente en latitudes medias, aunque únicamente en observaciones mucho más localizadas.
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La coincidencia temporal permitió relacionar las distintas piezas. Cuando aumentaba el brillo de las auroras también crecían la densidad de electrones y las irregularidades de la ionosfera; simultáneamente, las señales de los satélites sufrían mayores fluctuaciones y la precisión de posicionamiento comenzaba a deteriorarse. En algunas zonas, el error horizontal superó los 10 metros, una desviación muy superior a la tolerable para tecnologías que dependen de coordenadas precisas. La agricultura de precisión y los vehículos autónomos figuran entre las aplicaciones especialmente sensibles, ya que incluso desviaciones de uno o dos metros pueden alterar su funcionamiento.
El episodio también aporta una advertencia sobre la dependencia tecnológica de los sistemas de navegación por satélite durante periodos de intensa actividad solar. Los autores sostienen que comprender mejor las irregularidades que aparecen durante las tormentas geomagnéticas resulta esencial para anticipar sus efectos sobre las aplicaciones de radiofrecuencia. En este caso, la tormenta ocurrió fuera de la temporada agrícola estadounidense, lo que limitó sus posibles consecuencias económicas. El estudio plantea que conocer con mayor precisión la dinámica de las auroras, la precipitación de partículas y la evolución de la ionosfera será clave para reducir las interrupciones cuando se produzca otra tormenta solar extrema.