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Las redes sociales también han abierto una ventana a la vida en los conventos de clausura. Entre publicaciones sobre la fe y escenas de su día a día, algunas religiosas responden a preguntas sobre aspectos menos conocidos de sus comunidades. Sor Marta dedica uno de sus vídeos a una cuestión práctica que despierta curiosidad entre sus seguidores: de dónde procede el dinero con el que viven las monjas.
La religiosa reside en un convento de la orden benedictina en Sahagún, León, y utiliza internet para acercar su vocación a quienes la siguen. Se presenta como “monja feliz” y “misionera digital”. En TikTok, aborda las dudas sobre la economía de los monasterios y distingue entre pertenecer a una comunidad religiosa y recibir una remuneración por desempeñar una actividad profesional.
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El Confidencial
“Pues mira, las monjas no tenemos un sueldo como tal”, explica Sor Marta. Para aclararlo, recurre al ejemplo de las religiosas dedicadas a la enseñanza: “Las monjas de tu colegio cobraban por maestras, no por monjas”. Tampoco plantea esta circunstancia como una diferencia entre hombres y mujeres dentro de la vida religiosa: “Los monjes y los religiosos tampoco tienen un sueldo. Monjes y monjas, religiosos y religiosas, somos independientes a muchos niveles, a nivel económico también”.
Su explicación incluye la previsión para cuando termine la etapa de trabajo. “Buscamos la vida para sobrevivir y la mayoría estamos dadas de alta como autónomos para luego acceder a una pensión”, afirma. “Por lo tanto, ni vivimos del aire ni se nos regala la vida”.
@sormarta.osb Lo dejo #vocacion #monja #microfono #dinero ♬ sonido original - Sor Marta
En el caso de su comunidad, los ingresos proceden de varias actividades, no de la docencia. “En nuestro monasterio, en concreto, que no damos clase, recibimos dinero de los dulces, del museo, de la cosmética, es decir, de lo que vendemos”, detalla. La religiosa concreta también cómo afrontan las cotizaciones: “Estamos dadas de alta como autónomas y pagamos la Seguridad Social. Cotizamos todos los meses para luego tener jubilación”.
Pero aclara que, en el caso de los sacerdotes diocesanos, sí pueden recibir un sueldo, aunque es reducido y deben asumir gastos como los desplazamientos entre las parroquias que atienden. “Con esto no quiero decir que a los sacerdotes diocesanos se les regale nada. El sueldo es pequeño y por ejemplo los gastos de coche y combustible entre los 18 pueblos o más que tengan van de su bolsillo. Y muchas veces reparaciones más o menos grandes de cada una de las iglesias a las que atienden también”.